El burocratismo Por: Beltrán Haddad

domingo, 29 de julio de 2018 12:48 pm

El burocratismo, más allá de su real peligro, es un mal que afecta a la revolución bolivariana porque nos somete a trámites innecesarios y a exigencias que obstaculizan las metas de una sana administración. El burocratismo tiende -como se ha dicho- a multiplicar las instancias para la solución de los conflictos o problemas de la gente. Es fuente de corrupción porque hace más difícil que las cosas se resuelvan en términos normales. En fin, por ese “papeleo” a la hechura de formalidades no esenciales o de “dilaciones innecesarias” se ha gestado una cultura de la corrupción cuyo resultado se concreta en ese pago indebido que aminora el tiempo y da respuesta, tal como sucedió con la entrega pagada de pasaportes, o sucede con cualquier documento o acto oficial requerido o demandado.

El burocratismo es un vicio de vieja data que hoy le hace daño a la revolución porque no permite la comprensión de su pertinencia y de su finalidad, la obstaculiza, hace pesadas y complejas las estructuras burocráticas e impide la contraloría social y crea el riesgo de convertir de imposible cumplimiento leyes sociales, como la Ley Orgánica del Poder Popular, la Ley Orgánica de Comunas, la Ley Orgánica del Sistema Económico Comunal o la Ley Orgánica de Planificación Pública y Popular. Hay que tener cuidado porque el burocratismo puede instaurarse en el poder popular y atentar contra la moral administrativa, pues ya lo hizo en las estructuras burocráticas tradicionales. Por ello hay que proteger el trabajo básico obrero y campesino y tomar conciencia de la fuerza de su gran poder colectivo.

En la Ley del Poder Popular hay principios de ética pública y moral administrativa que sirven para enfrentar y superar el burocratismo, como los principios de honestidad, equidad, decoro, eficacia, puntualidad y transparencia.  Con la honestidad se obliga a todo funcionario a actuar con probidad y honradez. Con la equidad se obliga al funcionario a actuar sin ningún tipo de preferencias respecto de las personas que demanden o soliciten su servicio. Con la eficacia el funcionario debe dar cumplimiento óptimo y en el menor tiempo posible a los objetivos y metas fijados en las normas, planes y compromisos de gestión. Pero con la transparencia se exige al funcionario la ejecución diáfana de los actos de servicio y el respeto del derecho de toda persona a conocer la verdad, sin omitirla o falsearla.

Beltrán Haddad

Abogado

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