Yo, también tengo uno: ¿Y, tú? Por: César García

martes, 28 de agosto de 2018 04:17 pm

Tal día como hoy, un 28 de agosto pero de 1963 el Dr. Martin Luther King Jr., pronunció un poderoso discurso en la capital estadounidense el cual pasó a la historia con la expresión: “I have a dream” (Tengo un sueño). Quizás algunas personas pueden saber sobre este discurso no por su contenido o implicación sino sencillamente porque su título -I have a dream- se encargó de inmortalizarlo y como él mismo lo señala, tenía un sueño pero se trataba de un sueño que no resultaba de su exclusiva pertenencia, un sueño que no era resultado de su mero ingenio o capacidad, un sueño que no respondía al constructo de una simple ilusión. El Dr. King hace expresiva su frase como respuesta a una referencia común donde las demandas de justicia, igualdad y libertad se habían acumulado con el paso de los años porque sus gobernantes no habían cumplido con el sagrado deber de atender a las ideas que forjaron aquella gran nación.

El Dr. King con aquel brillante discurso se convirtió en la boca de muchos anteriores, en la boca de muchos presentes y en la boca de muchos futuros trascendiendo la barrera de sus fronteras porque cuando se trata de una lucha por los derechos civiles, no importa la nación donde se dé, es finalmente una lucha que nos vincula como humanidad por cuanto estamos en presencia de una lucha cuyo estandarte final son los derechos humanos. Para su lucha y la de centenares de miles de sus compatriotas el Dr. King tenía avizorado un resultado: un sueño de un mejor mañana, un sueño de un mejor porvenir, un sueño de respeto e igualdad, un sueño donde las generaciones posteriores gozarían del fruto de aquella lucha librada. Ese es el sueño que late en tal discurso, un latido multidimensional que va más allá de límites geográficos, de épocas y de pueblos; se trata de un sueño donde la convivencia entre los seres humanos es una aspiración por la cual debemos hacer votos permanentes y trabajar en función de tan magno propósito.

A 55 años de tan emotivo discurso resulta útil recordar algunas líneas que son aplicables a nuestra amada Venezuela porque hoy por hoy, nos urge con apremio y fervor estrepitoso recuperar la dignidad de aquellos valores como la libertad, la justicia y la rectitud; además de cultivar la esperanza, teniendo clara conciencia de que ella va más allá de un esquivo sentimiento o mera ilusión, que ella debe ser un anhelo perenne en los venezolanos, una idea que no podemos permitir que se marchite y un derecho al que no estamos (ni hoy ni nunca) dispuestos a renunciar mucho menos perder.

Extrapolando algunos extractos del discurso, considero que vale la pena resaltar algunas de sus líneas para afirmar no solo en consonancia con éste sino en unidad con su idea, que nosotros (como nación) seguimos teniendo un sueño: Un sueño de una mejor Venezuela. Un sueño de una Venezuela productiva y próspera. Un sueño de una Venezuela que abre las entradas de todos sus límites fronterizos no para ver como sus hijos se marchan cargados de tristezas, nostalgias y desesperanzas sino más bien para recibirlos porque sus retornos resultan impostergables porque han oído, han escuchado y han sabido que Dios nuevamente ha visitado a Venezuela para traerles paz, pan y bendición. Un sueño de una Venezuela que ha recuperado su racionalidad y sindéresis política donde el pensar diferente no es motivo para enfrentamientos encarnizados. Un sueño de una Venezuela donde el respeto al derecho ajeno (como dijera el insigne Benito Juárez) sea el verdadero garante de la paz, respeto a la propiedad pública, respeto a la propiedad privada, respeto de los gobernantes por la verdadera voluntad democrática de sus gobernados, respeto a las leyes, respeto entre sus ciudadanos.

Por ende, en palabras del Dr. King vale la pena recalcar a los que no han dejado de soñar, que:

Nos negamos a creer que no hay fondos suficientes en las grandes arcas bancarias de las oportunidades de esta nación…es tiempo de alzar a nuestra nación desde las arenas movedizas de la injusticia…a la sólida roca de la fraternidad. No busquemos saciar nuestra sed de libertad bebiendo de la copa del encarnizamiento y del odio…debemos ascender a las majestuosas alturas donde se hace frente a la fuerza física con la fuerza espiritual… No podemos caminar solos. Y mientras caminamos, debemos hacer la solemne promesa de que siempre caminaremos hacia adelante. No podemos volver atrás…no estamos satisfechos y no estaremos satisfechos hasta que la justicia corra como las aguas y la rectitud como un impetuoso torrente.

Sigo teniendo un sueño para nuestra amada Venezuela, entendiendo que no es tiempo de caer socavados ni rendidos ante las adversidades y dificultades presentes; por lo tanto, es preciso que hoy más que nunca con hermandad, solidaridad y verdadera fraternidad nos tendamos las manos unos a otros para ayudarnos, confortarnos, motivarnos y alentarnos recordando que aun y cuando la noche se torna más oscura; aun así, el amanecer del nuevo día es un hecho inaplazable. Yo, definitivamente tengo un sueño: ¿Y, tú?

 

“Cuando Jehová hiciere volver la cautividad…seremos como los que sueñan. Entonces nuestra boca se llenará de risa, y nuestra lengua de alabanza; entonces dirán entre las naciones: Grandes cosas ha hecho Jehová con éstos. Grandes cosas ha hecho Jehová con nosotros; estaremos alegres.”

(Salmos 126:1-3)

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