¿Quién podrá defendernos? Por: Maryclen Stelling

domingo, 2 de septiembre de 2018 02:19 pm

Se está viviendo en el país un momento político complicado y muy pasional, fuertemente condimentado con el reciente programa de recuperación económica nacional, emprendido por el Gobierno.

El programa económico, rápidamente calificado de “paquetazo” por analistas de oposición, pasa inmediatamente a formar parte de los temas predominantes en la agenda político-mediática, conjuntamente con el movimiento migratorio, calificado, por esos mismos sectores, de éxodo y diáspora.

En medio de amenazas de invasión, embargos, ejercicios militares en la región, o una supuesta “ayuda humanitaria”, la propaganda se constituye en el arma estratégica y operacional dominante, característica de una guerra psicológica. De manera tal que se fortalece y reactiva este campo de batalla, donde se somete a la población a fuertes presiones y a un desgaste emocional. Estrategia que, en el caso venezolano, tiene como sustrato objetivo la actual crisis multidimensional, terreno fértil para convertir la información en una campaña de terrorismo mediático.

La guerra psicológica atenta contra el pensamiento reflexivo, la capacidad de interpretar y procesar la información, impidiendo cualquier posibilidad de perspectiva crítica. Sutil e imperceptible, persigue la exacerbación de temores y miedos específicos en torno a temas y hechos particulares. Sentimientos que se incorporan a la cotidianidad, como verdad indubitable e incuestionable.

Este tipo de guerra se sustenta en la sobreabundancia de la información y el bombardeo de imágenes y sonidos, tal como ocurre con el fenómeno migratorio y el programa económico. Diariamente medios y redes informan sobre el proceso migratorio, datos numéricos, penurias, problemas de integración y conflictos generados con la población local. Compitiendo en centralidad se incorpora el “Programa de recuperación económica”. En torno al cual se ha impuesto una lectura conspirativa de medidas y planes, con el objetivo de generar rechazo automático, minar la credibilidad y destruir cualquier atisbo de legitimidad, sin descartar los sectores afectos al Gobierno.

Sometidos a una frenética campaña informativa, producto de un contubernio entre medios nacionales e internacionales, la confrontación ha cobrado una importante víctima, la verdad.

Maryclen Stelling
@maryclens

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