TRANSPARENCIA, MANIPULACIÓN, CREDIBILIDAD. Por: César García

jueves, 13 de septiembre de 2018 05:41 pm

En el mundo político ningún gobierno es inmune a la tentación de la manipulación como estrategia de gobierno para el logro de sus fines o para justificar sus acciones aquí la cuarta república no se pudo librar de tal tentación y ahora la quinta tampoco, considérese, qué pensamientos surca la mente del venezolano cuando (por ejemplo) luego de un apagón las responsabilidades anunciadas por el gobierno se distribuye entre saboteadores, ladrones, lluvia, calor, animales pero nunca se habla de incompetencia, ineptitud o ineficacia. ¿Qué piensa el venezolano de a pie sea rojo, verde, blanco, amarillo, azul?

Hechos similares se presentan también en otras latitudes, hace dos días se cumplieron 17 años del trágico ataque que sacudió a la nación estadounidense (11-S) y más allá de lo público y notorio que resultó tal suceso; aun sobre éste se ciñe una estela de misterio. Lo que sí quedó evidenciado ante la comunidad internacional fue el aprovechamiento que se sacó para desatar de manera abyecta una guerra contra Irak bajo la premisa de ser poseedores de armas de destrucción masiva (ADM); sin embargo, a 15 años de la invasión a Irak la pregunta que no debemos dejar de hacernos es, ¿y las bombas dónde están?

Cuando la manipulación se convierte en la única forma de ejercer gobierno entonces el descrédito, la desconfianza, la suspicacia y la falta de fe estarán presente en la mente de los gobernados porque no lidian contra un hecho material sino contra un pensamiento que se constituye en un fantasma que mostrará toda acción gubernamental (no clarificada) como un simple acto manipulador que esconde tras sí, otras razones.

Hoy Venezuela está en presencia de grandes dificultades políticas, económicas y sociales pero uno de sus principales retos es cómo superar la crisis ético-moral que campea por doquier pues parece que la transparencia decidió emigrar de la nación (y no sé, si llevaba consigo muchos dólares). La quinta república debe lidiar contra el fantasma de la manipulación que se ha convertido en la llave que abre puertas inoportunas para el beneficio real del pueblo venezolano; en especial, cuando los intereses de una cúpula gubernamental o una cúpula opositora continúan en el tapete, es decir, los primeros buscando la asidua preservación del poder y los segundos, firmes y anhelantes por alcanzarlo pero, ¿cuál debe ser el costo a pagar por los connacionales?

Ciertamente, la credibilidad de los políticos nacionales se encuentra en tela de juicio a causa de la poca o nula transparencia de sus actos; de igual manera, un espíritu manipulador circunda nuestro territorio con informaciones locales y extranjeras algunas ciertas, otras falsas y las que son peores aquellas que se distorsionan con soplos de veracidad. Un increíble sentimiento de duda impera en la nación porque la manipulación ha mellado la fe, la confianza y la esperanza de muchos permitiendo que la desesperanza aprehenda a cada vez más venezolanos.

Entonces, ¿qué hacer ante tal panorama? Empezar a dar tribuna a la verdad, volverse un portador y defensor de ella, volvernos acuciosos en el análisis, averiguar sobre las fuentes, investigar sobre los hechos, ser estudiosos de la historia, luchar para no distorsionar situaciones sino ponderarlas como corresponde y sobre todo, ser crítico de cuanto mensaje prolifere en las redes sociales antes de enviarlo o reenviarlo. Porque si no confiamos en los nuestros porque consideramos que hay razones válidas para ello hagamos también lo mismo con los de fuera.

¿Hemos de confiar ingenuamente en aquellos cuyo interés por el territorio nacional no se corresponde con el beneficio real de nuestros ciudadanos sino que sus acciones responden a un simple deseo de reparto de botín? Si en virtud de las condiciones actuales cuestionamos los argumentos del régimen en turno así como el de la dirigencia opositora, ¿acaso, no tenemos la misma responsabilidad y compromiso de cuestionar toda información que otros países formulan respecto a Venezuela? ¿Hemos de aceptar como cierta toda palabra de organismos internacionales?

La falta de transparencia es una situación que va en menoscabo de cualquier régimen que se dice o se sabe democrático también va en menoscabo de la credibilidad de cualquier medio informativo que se abroga una veracidad manipulada. Esta falta de transparencia se evidencia también en la relación entre países; así pues, como nación, ¿hemos de fiarnos de cualquier información que desde Guyana, Colombia, Brasil o la periferia se construye sobre Venezuela cuando Venezuela resulta como eje estratégico de intereses geopolíticos en el Hemisferio? ¿Habrá transparencia y credibilidad en todas las publicaciones que día a día circulan por las redes sociales?

No hablo de posturas ideológicas sino de aquel espíritu que nos constituye como venezolanos, no permitamos que nuestra identidad nacional y territorial se deforme o se distorsione ni por los de dentro ni por los de fuera.

“Mejor es lo poco con justicia que la muchedumbre de frutos sin derecho.”

(Proverbios 16:8)

Sobre Pedro Poller