¡QUE NO SE APAGUE NUESTRA CONCIENCIA! Por: César García

jueves, 14 de marzo de 2019 11:57 am

Los sucesos –lamentables e indignantes por demás– que nos tocó vivir desde el pasado jueves (07-03-19) a consecuencia del apagón nacional, nos sitúan en una posición desde donde –como si no bastase con lo que ya se vive– podemos añadir más desgracia, más infortunio y más calamidad a una población que hasta este momento ha sabido ponderar su accionar no dejándose influenciar por ninguna aventura virulenta. Por supuesto, en absoluto celebro los bochornosos padecimientos que nos restringen y nos limitan los cuales en líneas generales se perciben como el claro resultado de pésimas e ineficientes políticas públicas.

Ahora bien, trayendo a colación el apagón y dada la polarización política existente en el país necesitamos considerar las dos posturas para evaluar la anomalía:

  1. De un lado, se tiene la posición gubernamental que habla de “sabotaje”. Estoy seguro que tal afirmación, no es sorpresa para el país a razón de que toda falla, toda debacle y todo mal funcionamiento de las políticas públicas se le atribuye a terceros y como esto se ha constituido en la línea discursiva oficial; entonces, su credibilidad se hace también nula porque en su haber la responsabilidad de sus funcionarios siempre es de otros, en consecuencia, aun y cuando exista veracidad en sus argumentos sobre el denunciado sabotaje, ¿se podrá confiar en sus explicaciones? La política del chivo expiatorio es lo que comúnmente practican.
  2. Del lado contrario, la posición antigubernamental centró su foco en la desinversión, la poca o inexistente falta de mantenimiento “preventivo” del sistema eléctrico aunado a las denuncias sobre hechos verificables de corrupción. Sin embargo, es válido preguntarse, ¿sus intereses como adversos al régimen persiguen el bienestar nacional o solo buscan sacar provecho del suceso para consumar sus propios intereses políticos? Así, por ejemplo, mucho se ha comentado sobre posibles acciones militares para dar solución a la problemática que vive el país y ante ello, dirigentes de oposición más que mostrar desaprobación parecen discurrir en silencios sibilinos que no les comprometan o declarando abiertamente que los muertos no son costos sino inversiones a futuro.

Me valgo de este contexto para plantear que ambas posiciones nos remiten una vez más a la politización de una problemática que esperamos –por el bienestar nacional– pueda ser subsanada, entendiendo que la solución real no solo pasa por la restauración efectiva y eficiente del sistema eléctrico sino también por un verdadero acto de transparencia y rendición de cuentas a la nación sobre qué pasó realmente y para tal fin resulta primordial que tanto gobierno como oposición despoliticen el hecho (quizás sea mucho pedir pero no por eso dejaré de mencionarlo).

No obstante, y más allá de estas acciones que se saben necesarias, el apagón nos permitió hacer un ejercicio de análisis considerando la repercusión de este sobre aspectos esenciales de nuestra cotidianidad; por ejemplo, se generó:

  1. La interrupción del servicio de agua potable.
  2. Mayor caotización en el servicio de salud y en los centros de atención hospitalaria.
  3. Falla de las telecomunicaciones acrecentando mayor expectación e incertidumbre dada la falta de comunicación entre familiares, amigos o conocidos.
  4. La paralización de actividades comerciales y de la banca pública y privada presentándose de seguro pérdidas económicas millonarias.
  5. La imposibilidad para comprar alimentos o artículos de primera necesidad: como el simple acto de adquirir unas velas para alumbrar en medio de la noche.
  6. Imposibilidad de como reportar alguna emergencia ante organismos competentes.
  7. Y como en todo escenario de caos, la siempre activa y lamentable participación de los facinerosos que buscan violentar al ciudadano de bien, empezando por aquellos que se valen de la ocasión para cometer actos de usura con los productos que tienen a la venta.

Considérese lo siguiente; de momento, aunque se trató de un apagón con una prolongación de varios días el cual tendrá ramificaciones y consecuencias de todo orden; aun así, este hecho terminó suscitándose bajo un estado de relativa calma y control. Esta mala experiencia, nos resulta útil para reflexionar en lo siguiente: ¿Es posible imaginar lo que podría implicar una invasión militar extranjera en suelo venezolano o una condición de conflicto interno entre connacionales? Hago alusión a esta interrogante considerando la vorágine de las palabras que se expresan en las redes sociales desde donde se alienta, aúpan o incitan a que tal situación pueda concretarse en el país. Tales opiniones, se realizan con el mayor desparpajo como si se tratase de una película o un juego ignorando lo poderosa que llegan a ser las palabras. Como escribe Augusto Cury en su novela El coleccionista de lágrimas: “Las palabras frecuentemente preceden a los homicidios. La palabra dispara la ofensa, pero también la fascinación, acaricia la emoción y domina el alma”.

No hay pretensión alguna en desviar la atención de la seriedad que ha implicado este apagón nacional mucho menos pretender salvar la responsabilidad de aquellos que deben responder al país por lo que está pasando. No se trata de anular o desviar la atención de los serios problemas que venimos afrontando o desconocer los severos aprietos que padecen los venezolanos. No es que ahora se debe ignorar u olvidar la necesidad de transformación y de cambio (político-económico-social) que le urge a la nación, no.

Se trata tan solo de considerar las posibles sendas que resulten menos abruptas para que con el menor trauma posible seamos capaces de construir una salida viable y oportuna para todos los venezolanos; muy especialmente, para aquellos que estamos dentro del territorio nacional. Por lo tanto, hoy más que nunca debemos mantener encendidas las lámparas de nuestra conciencia para no dejarnos soliviantar con recetas mágicas.

“En lo más profundo del invierno, finalmente aprendí que dentro de mí se encuentra un invencible verano”.

(Albert Camus)

CesarG.opinion@gmail.com

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