El camino Por: Ramón Guillermo Aveledo

jueves, 31 de octubre de 2019 11:34 am

Parece que en el grupo en el poder predomina la idea de resistir, dar largas a cualquier solución, entretener con diálogos simulados con interlocutores escogidos, en el convencimiento de que las cosas cambiarán a su favor. En resumen, aunque se lo disfrace, sería permanecer a cualquier precio, siempre en el entendido que éste lo pagarán otros.

Si mi impresión es la correcta, están ante una gravísima equivocación. La situación venezolana no es sostenible indefinidamente porque no cesa de empeorar mucho más y para muchos más. El éxodo masivo de compatriotas, lo que arriba consideran una buena noticia porque alivia la presión interna, no solo muestra su sideral alejamiento de la realidad de las familias venezolanas entristecidas por la separación, sino que es un dato de la crisis que se agrava, al disminuir la población activa y aumentar la proporción de adultos mayores, eufemismo para evitar decir viejos, solitarios.

Corregir la insólita colección de errores y omisiones que ha causado esta crisis tremenda, anterior a cualquier sanción y que entre sus nocivas e injustas secuelas ha provocado estas decisiones externas, no sólo es necesario. Es urgente. Y de darle viabilidad debería ocuparse el liderazgo como reclama la mayoría, demostrando capacidad de entendimiento. Dar pasos hacia la convivencia, salir de las trincheras del prejuicio y el orgullo empezando ahora, porque construir una institucionalidad confiable para todos, pero para todos de verdad, será largo y trabajoso.

Confiar en la propaganda y en la represión cuando los hechos son tan acusadores y la realidad hace aguas por todos lados es, por lo menos, supersticioso. Hoy ya no hay bastiones inexpugnables y menos en América Latina, no importa desde qué lado la mire. Fíjese usted los dramáticos acontecimientos de Chile, la nación de resultados más exitosos en la región. Y en Bolivia, con una gestión gubernamental que puede exhibir progresos objetivos y pasa apuros electorales de los cuales quién sabe cómo saldrá. Porque no tiene caso engañarse con propaganda autocomplaciente, si les va mal a quienes tienen fuertes argumentos a su favor ¿Qué pueden esperar los de obra tan pobre?

El camino es la política, pero de verdad. Hacerla, no desprestigiarla con maniobras. La ruta es la Constitución, pero sinceramente. Cumplirla. Lo que pide el mundo entero es lo mismo que espera el país. Solución política y pacífica, con unas elecciones libres y limpias.

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