Juan Barreto: Claves para entender el momento político y no morir en el intento

lunes, 18 de julio de 2016 11:43 am

Camaradas, ser radical es estudiar los problemas tomándolos de raíz. Cambiemos de registro, mi humilde invitación es a que demos un debate franco y abierto, sin prejuicios y descalificaciones, sobre la naturaleza de los tiempos que corren y las tareas pendientes desde el campo revolucionario… aquí pues les adelanto unas cuantas líneas de lo que venimos pensando con el propósito de construir juntos. Decía el camarada “el que tenga ojos que vea” un fraternal abrazo.

Introducción:

La naturaleza social de la irrupción movimentaria

Nosotros creemos que, en alguna medida, la naturaleza de los procesos que se libran y que se llevan a cabo hoy en América Latina, así como los movimientos que lo encarnan e impulsan, obedecen a una lógica interior que tiene una naturaleza propia y que no puede ser inmediatamente leída o entendida con aquellos grandes trazos, aquellas líneas de fuerza, aquellas líneas gruesas, que se correspondían con los modelos de pensamiento o teorías tradicionales.

El surgimiento de procesos y movimientos también supone, de suyo, un nuevo pensamiento desde América Latina, que acompaña al nuevo conjunto de eventos que sólo puede ser interpretado desde la fundamentación de su propia fenomenología. Desde allí nos colocamos y humildemente invitamos al debate. Creemos que una interpretación que no dé cuenta de nuestros procesos (desde su interior), permitiría y se prestaría para algunas incomprensiones.

Para instalarnos en dicha ocurrencia, debemos librar un enfrentamiento radical contra la fuerza de la costumbre, contra la mentalización planetaria que cimentó raíz como matriz epistemológica de todo un pensamiento que supone la organización binaria y predecible de los acontecimientos.

No podemos seguir viendo a Latinoamérica (ni a ninguna cultura de este mundo) como el resultado sintético de un todo racional. Más allá del positivismo, día a día surgen nuevas experiencias que reclaman otras formas de aproximación, allí donde saber, poder, lenguaje y subjetividad constituyen y despliegan un modo inabarcable e inexpresable de relaciones de dominio, pero también de resistencia y creación.

Uno de los debates que siempre se ha dado, particularmente al interior de las izquierdas, es el que tiene que ver con la naturaleza de los sujetos que hacen posible las transformaciones. En el caso de América Latina, cientos de miles de militantes revolucionarios y de izquierda tomaron caminos discretos y modestos, y paulatinamente sembraron pequeñas experiencias de base. Luego de la derrota política y militar de la izquierda en América Latina durante tres décadas (60, 70 y 80) y el derrumbe del bloque soviético, se produce una crisis en los partidos y organizaciones progresistas tradicionales que nos llevó a un gran debate y trajo como consecuencia una diáspora de fuerzas populares que poco a poco, desde su reflexión interior, fueron consiguiendo y creando nuevos caminos.

Es en este punto o perspectiva en el que nos colocamos. Para nosotros el sujeto social y el escenario del sujeto social son lo mismo; no hay sujeto social sin condiciones subjetivas para dicha singularidad; el sujeto de la transformación es en sí mismo el proceso de transformación. El sujeto social es de suyo condición objetiva. De modo pues, que para avanzar en la construcción del bloque social histórico que se erija como sujeto de la transformación, hace falta una nueva subjetividad política; lo que Gramsci llamara un movimiento intelectual y moral, ingrediente principal de toda hegemonía. El lugar de La Gran Política y de La Pequeña Política, es decir, el lugar de la táctica y la estrategia.

Pues desde allí parte la construcción de un espacio-tiempo de subjetividades que hacen posible la naturaleza de los cambios, las transformaciones, que poco a poco se hacen visibles. Así, la trayectoria de esa singularidad, que es el sujeto, consigue concreción, y así es como toda corriente política tiende a afirmarse como voluntad de saber-poder, lo que produce un éxodo de ideas e individuos portadores de las mismas, tendentes a la territorialización de ideas y prácticas. Esto quiere decir que las ideas viajan y se impregnan en nuevos espacios, desde donde los pobladores asientan, no sólo un lugar para la sobrevivencia, sino, como ya dijimos, un lugar de resistencia y creación político-cultural de su mundo de vida.

El Estado rentista y la Comuna

¿Con qué lentes leer en la actual coyuntura la consigna Comuna o nada? Antonio Gramsci decía que el partido debe prefigurar la sociedad que queremos, pero que perversamente los partidos copian la lógica de la sociedad que tenemos. De modo que, en buena medida la crisis estructural que atravesamos producto del desmoronamiento del modelo de Estado Burgués puntofijista construye el partido que tenemos cuyo andamiaje no es otro que el rentismo, es decir, la existencia de un Estado diseñado por las élites para captar renta y distribuirla a favor de los sectores dominantes.

Esto significa que la crisis del Estado rentista se expresa políticamente dentro del escenario de disputa por el control de esa renta, afectando a las organizaciones construidas para tal fin. Es decir, las organizaciones y partidos políticos diseñados dentro de la lógica del rentismo para capturar el Estado y dirigirlo, terminan capturadas y dirigidas por esa forma Estado (Estado Burgués). Esta inversión vacía de significado impugna cualquier iniciativa.

La crisis del modo rentista y su forma de expresión política “los partidos del rentismo” afecta el modelo de disputa política que produce los consensos legitimadores y su condensación política, las instituciones.

Para decirlo de manera concreta, la crisis estructural del modelo rentista es también la crisis de los partidos del rentismo y del escenario de confrontación política que tiene como lógica el enfrentamiento bipartidista, en donde dos bloques hegemónicos se disputan el consenso social.

¿Cómo reconocemos un Partido Rentista?:

Por su estructura vertical, autoritaria y su relación clientelar con las bases. ¿Cuál es la agenda de un partido rentista?: Capturar espacios políticos del poder para hacerse de una fracción de la renta y distribuirla en cascada de arriba hacia debajo de manera desigual y asimétrica, convirtiendo a la militancia en una suerte de tropa mercenaria.

Suerte de cliente o público cautivo que intercambia su pertenencia y activación política por prebendas. De manera que el Partido como concepto se convierte en prótesis auxiliar y complementaria del Estado rentista. No nos referimos a un partido en concreto, hablamos de la forma partido en general.

Con la crisis estructural del modelo rentista, entran en crisis también las instituciones del rentismo, el modelo de legitimación y consenso por representación y las organizaciones y partidos que hacen juego polarizado al interior del modelo de legitimación por representación. Podemos decir entonces que la crisis estructural del rentismo es también la crisis del modelo de representación política, del modelo de hacer política por confrontación polarizada y de la forma de construir las relaciones políticas a partir del reparto y distribución de la renta.

Centralidad y hegemonía

Los clásicos del marxismo siempre nos advirtieron: “la primera tarea de la revolución es la destrucción del estado burgués”. Marx hablaba de pulverización.

El proceso bolivariano tiene una falla de origen caracterizada y denunciada recurrentemente por Chávez, el cual tenía plena conciencia de ello. Y es llegar al gobierno y a la administración del Estado por la vía electoral, aceptando las reglas de juego que impone el mundo burgués. Eso supone que debemos lidiar con ese Estado y sus lógicas por un tiempo, pasar de la fase de guerra de movimientos a la fase de guerra de posiciones, es decir, sustituir las luchas por la administración, y hacerlo sin experiencia previa, entrar al interior de un aparato diseñado por el capital para la explotación del trabajo, la coerción política y la dominación ideológica.

Un lugar negado y de espaldas a los sectores subordinados al capital. Eso significa lidiar con la fibra profunda de sus lógicas, lo que hace que de algún modo ese aparato se resista a las transformaciones y paulatinamente subsuma (subsumir es integrarse a la naturaleza de otro, como cuando derramas un vaso de vino en una piscina), para que la máquina funcione debes sujetarse a sus rituales, asimilar a los funcionarios anteriores y renunciar a alterar en profundidad.

Así, los revolucionarios que hasta ayer gritaban y agitaban banderas en las calles, se van domesticando, cambian hasta su manera de relacionarse con los demás e involuntariamente optan por adaptarse al sistema. Lo que Deleuze llamara “entrar en máquina”. Así, las destrezas del andamiaje burocrático diseñado para unos fines distintos a la emancipación del trabajo convierten a las buenas intenciones en piezas y herramientas de un sistema.

Chávez lo entendió y llamó a constituyente como un primer aluvión y avanzó en la dirección de superar ese Estado Burgués, luego llevó a cabo las primeras leyes habilitantes de empoderamiento popular y pasó a la fase de bypassear al viejo estado creando las Misiones.

Entonces, derrotado el golpe, el paro petrolero, el referéndum y tras la aplastante victoria de 2006, pensó que habíamos acumulado la fuerza necesaria para el gran asalto al poder.

Distintos factores conspiraron y no fue posible avanzar de un tirón. Este revés ralentizó el impulso de las transformaciones y abrió una brecha para que la reacción se recuperara.

Entonces Chávez suspendió los 5 motores constituyentes y tomó ingeniosamente el camino de las leyes del poder popular, mientras que algunos sectores jugaban a normalizar al Estado hablando de gobernabilidad, gobernanza, eficiencia gerencial, gestión, e institucionalización del proceso en detrimento del relato, “poder popular-poder constituyente”.

De esta forma se fueron estableciendo e instalando mentalizaciones y contrabandos ideológicos que actuaron como cortafuegos contra Chávez, el pueblo y su proyecto.

La reforma constitucional y la transformación a fondo del aparato jurídico político y el sacudimiento de todo el aparato legal, la reforma educativa “moral y luces” y la nueva geometría del poder, quedaron en suspenso y Chávez sólo pudo avanzar un poco en la explosión del poder popular y en el nuevo equilibrio internacional.

Desde este marco de cosas, el reformismo se atrincheró en la fractura diciendo que había que bajarle la aceleración a las transformaciones y que estas debían ser mucho más graduales, cayendo en el viejo debate de los procesos de transición en los que se enfrentaron las tesis de CONSOLIDAR PARA AVANZAR (tesis conservadora que ralentiza el proceso) vs AVANZAR PARA CONSOLIDAR (tesis que hasta ahora no ha contado con demasiada suerte)

La primera tesis fue articulando una conspiración rizomática, sin líder ni centralidad, sin una línea de mando. Creó un estado de cosas que por vía de hecho se hizo poco a poco dominante y desaceleró el auge y ascenso de masas que hacía ruido y “no deja trabajar” a la burocracia.

Los cuadros más radicales y consustanciados con el pueblo fueron señalados y reducidos de mil formas en un proceso de depuración y sustituidos por lo que Gramsci llamaba el ejército de funcionarios, que no son exactamente militantes sino más bien una suerte de cadenas de asistentes que tienen lealtad y afiliación sólo con la línea de mando clientelar de la que forman parte, de manera que su participación no es exactamente orgánica e ideológica.

En realidad se trata de un conglomerado heterogéneo que apenas maneja de manera rudimentaria un puñado de consignas y su participación es obediencial y efímera, agitativa y electoral.

Todo esto hizo que el propio Chávez fuese poco a poco aislado, sus políticas saboteadas, su capacidad física fue mermando y agotando hasta enfermarlo y producir el fin de una era política.

Es decir, la fuerza de la costumbre, la fuerza de gravedad de la ideología burguesa operando desde la microfísica de la vida cotidiana, la falta de una política cultural y moral, el intentar usar las armas melladas del capitalismo, entronizaron la lógica burocrática jerarquizada, los privilegios propios del Estado Burgués, sumada a la poca formación, la incapacidad y falta de compromiso de algunos pocos, la corrupción de otros tantos, la competencia desleal, todo, y todo un sin fin de desviaciones, hicieron posible que lo que tenía que morir se niegue a morir (y esté vivito y coleando) y lo que tiene que nacer no termine de nacer (y pueda estar a punto de morir si no actuamos rápido). Estos factores se sumaron y fueron cercando a Chávez.

La subsunción real del capital había hecho su trabajo en el Estado y el partido, que para esta fecha ya se había fundido inconvenientemente con el Estado. Evitando que el partido, actuando autónomamente separado del Estado, interviniera como válvula reguladora y de control.

Entonces, la lógica totalizante y colonizadora del Estado se empotra y fusiona a la lógica jerárquica y sectaria del partidismo y a esto se suma el sentido clientelar. Esta mezcla perversa, este coctel que nada tiene que ver con revolución o socialismo, va a supurar una excrecencia ideológica que subsume al movimiento en vez de acompañarlo y promoverlo.

Si a esto le sumamos el constante clima electoral que exacerba el individualismo, la competencia, las aspiraciones grupales en medio de la confrontación mediática permanente que todo lo banaliza, tendremos la tormenta perfecta para evitar los cambios.

Recordemos que en su búsqueda y desesperación por hacer avanzar al proceso, Chávez intenta acelerar los tiempos para llevar a cabo los cambios revolucionarios y crea un partido, pero esto contrariamente, contiene y acorrala al espíritu movimientario que hasta ahora había sido el alma del proceso y se instala con fuerza la lógica sectaria y burocrática del partidismo.

Chávez se da cuenta muy pronto y llama a crear una nueva hegemonía, convoca a un polo de fuerzas sociales y patrióticas y habla de la necesidad urgente de corregir el rumbo con un golpe de timón, pero la suerte estaba echada y Chávez se nos va, dejando una gran orfandad que, en medio del cuadro descrito, deviene en crisis de representación y crisis de liderazgo.

Hoy, en ausencia de Chávez y su liderazgo unificador, la guerra y el cerco económico, la caída de los precios del petróleo, la lentitud y vacilación en el empoderamiento popular, la falta de autocrítica, los errores cometidos, los zigzagueos e incoherencias y la corrupción de algunos, el saboteo y la presión permanente de la burguesía y sus agentes, las concesiones dadas al enemigo, hacen perder terreno y configuran un cuadro que pone en peligro el mantener lo avanzado por Chávez.

Además actúa estimulando las ideas y corrientes reformistas instaladas en el Estado-Partido, que presionado se propone dar nuevas concesiones y espacio a la burguesía, mientras posterga la posibilidad de profundización y ruptura con el relato rentista.

El Estado es como la Hidra de Lerna, cada vez que cortas una cabeza de ella, en su lugar se multiplican varias y nuevas cabezas. La única manera de matarla es con una flecha en el corazón. Entonces, algunos han creído que mientras no puedan matarlo convivirán con el monstruo. Mientras, el monstruo crece y cada vez su asesinato es más y más difícil, por lo que el proyecto original se posterga al infinito.

El tiempo corto acelerado

Con la muerte dolorosa e inoportuna de Chávez se cierra un ciclo histórico de 20 años, que comienza el 27 de febrero de 1989, y que hemos denominado nacionalista democrático popular constituyente. De esta forma llegamos al presente.

Se abre un nuevo ciclo histórico presidido por la incertidumbre y marcado por un nuevo tiempo corto acelerado que presenta estos datos de realidad:

1.- El movimiento de los actores en torno al llamado a referéndum por parte de la oposición.

2.- La afirmación de que el referéndum no va por parte de algunos líderes.

3.- La presencia activa de los mediadores, ex presidentes socialdemócratas y el llamado a diálogo.

4.- La preeminencia del sector militar luego del nombramiento del general Padrino López como coordinador de la nueva Híper Misión La Gran Misión Abastecimiento Soberano y Seguro.

5.- El recrudecimiento de la crisis, el creciente descontento popular y el incremento de la protesta social ante las distintas medidas que el gobierno viene tomando paulatinamente.

El cruce y desencadenamiento de las distintas tensiones que generan estos datos y las líneas de fuerza que cada uno de estos dispositivos desplegarán, están por verse y marcará significativamente las agendas y los escenarios. Estos asuntos son considerados en un documento aparte.

Centro político y centralidad hegemónica

Max Weber nos habla de centralidad y descentramiento, entendiendo por centralidad no un centro político dentro del modelo clásico francés izquierda-derecha-centro, sino más bien la totalización general del sentido alrededor de un relato que se hace dominante, por ejemplo en occidente se ha hecho central, es decir, dominante, el relato que asegura que democracia es igual a representación liberal burguesa.

Esta idea y sus matices crearon el espacio político de la democracia burguesa occidental dentro del cual se mueven los partidos que materializan y articulan este relato y su legitimidad.

Mientras que la esclavitud o la monarquía, por ejemplo, fueron descentrando como discurso dominante y perdieron centralidad. De modo pues que, cuando hablamos del agotamiento del modelo rentista y su pérdida de centralidad no estamos hablando del centro político en su relación con las izquierdas y las derechas, sino de lo que Gramsci denominaba crisis de hegemonía, crisis que se expresa en todas las manifestaciones del modelo rentista, y especialmente en sus partidos y en las formas de relación de esos partidos y la sociedad.

Dado que los partidos son de alguna manera bisagra entre el Estado y la base social, así pues se crea una división entre el que reparte y el que recibe, el que reparte deviene en una élite que ejerce un poder y el que recibe debe ser entonces un acólito incondicional.

Con la crisis del modelo rentista entran en crisis sus lógicas, sus relatos y sus centralidades, por ejemplo, una de ellas, el discurso central y totalizador que polariza la política en una confrontación gobierno-oposición en donde ambos hacen bucle y se complementan, pues entre ambos se decide el reparto de la renta y las formas de representación política, una suerte de dos caras de una misma moneda, en la que por supuesto hay una cara más perversa que otra. Esa discursividad borra cualquier voz que pretenda colarse desde un relato diferente, rechaza cualquier intento de construir nuevas mitologías legitimadoras, de manera que, cualquier voz disidente es asumida por el poder de la centralidad y reducida a periférica y marginal, quedando fuera de los circuitos mediáticos y de representación.

El que no se sienta representado dentro de la representación será objeto de acorralamiento material y simbólico. Imaginemos las dificultades de los antiesclavistas o pro-abolición en un mundo marcado por los que discutían si los esclavos deberían ser o no maltratados.

Tuvo que alzarse una nueva polaridad y hacerse central para producir la ruptura y que la esclavitud fuera abolida y la humanidad aceptara que el esclavismo es un horror.

Por eso develar la parte “maldita” (Balandier), lo que encubren los discursos centrales, los relatos comunes que contienen, y a su vez, lo que Ernesto Laclau llamaría “La Falta”, es decir lo sumergido que pugna por salir a la luz, es la tarea de la crítica, entonces el problema político en medio de la crisis se plantea de este modo:

¿Es posible un nuevo relato? ¿Cuáles son las apuestas políticas de ese nuevo relato? ¿Cómo contestar simultáneamente a las dos polaridades del mismo relato central? El que secuestra al chavismo y a la izquierda y el neoliberal vinculado al intervencionismo imperial, el asunto es ¿cómo construir una nueva identidad colectiva fundada en un nuevo relato, nítidamente de izquierda en medio de una alta polarización?

Es decir, ¿podemos intentar otra polaridad que desplace la centralidad dominante y que ponga la cosa en estos términos, rentismo y no rentismo?

¿Es posible en este contexto asumir las consignas de los viejos modelos de izquierda? O la ruptura con el rentismo implica una reinvención y refundación de la izquierda.

Para responder esta pregunta debemos ubicarnos más allá de las poses radicales y de las puestas en escena que reclaman y exigen el no-pensamiento en nombre de los peligros a la continuidad y como venimos diciendo, con la dolorosa, lamentable y dura realidad de la muerte de nuestro hermano y camarada el Presidente Chávez, finalizó un ciclo histórico de 20 años, el ciclo denominado democrático nacionalista constituyente y popular, al cerrarse este arco de tiempo se abre otro, que todavía no tiene nombre propio, pero que hasta ahora se ha caracterizado por varios ciclos cortos:

1.- La campaña electoral del presidente Nicolás Maduro

2.- La lucha por su legitimidad

3.- El enfrentamiento a las guarimbas burguesas y el comienzo de la guerra económica

4.- La campaña y las elecciones del 6d que exigió de todos nosotros el sacrificio unitario a costa de nuestra identidad

5.- La derrota del 6d y el estrechamiento del estrangulamiento económico

6.- La llegada de Shannon a Venezuela. Sobre este último punto queremos detenernos ya que de los anteriores hemos hablado ya en otros documentos. La llegada y recibimiento público de Shannon a Venezuela, dada la relevancia y peso político de este personaje (es la primera vez al menos durante los 18 años del chavismo que un funcionario norteamericano de tan alto rango pisa Miraflores) para nosotros Shannon en Miraflores es Obama en Miraflores.

Por eso creemos que entramos en un nuevo ciclo corto de tiempo acelerado, en el que aunque aparentemente para muchos no pasa nada, estamos como en una escalera eléctrica que se mueve bajo nuestros pies sin que caminemos.

Para comodidad y de manera provisional llamaremos a este tiempo político “el Ciclo del Diálogo”. En donde los actores se remecen, se debilitan las centralidades hegemónicas y el relato que las soporta, creando nuevas ventanas tácticas y un momento excelente para hacer política. Se cierra definitivamente el ciclo largo y las polaridades se debilitan, creando resquicios aquí y allá en donde las singularidades anómalas comienzan a expresarse.

Michael Foucault recomendaba instalarse en la grieta de la fractura, pues por pequeña que sea es allí donde nace lo fecundo. Esos resquicios que se abren a borbotones aquí y allá sin prelación ni jerarquía desafían al orden establecido por el relato dominante de la centralidad polarizada y deben ser utilizados para romper la polarización a favor del surgimiento de otro polo por constituirse, pero que ya existe en ciernes, que es el que denominamos “Chavismo realengo y callejero popular crítico” que no es otro que las singularidades proliferantes.

Este chavismo popular crítico es portador de otra lengua no polarizada en la centralidad, es el mensajero de otro relato que re-significa los mitos unificadores que hicieron posible el ascenso popular de Chávez al poder, este chavismo popular crítico debe constituirse en una nueva centralidad, insisto, no se trata de un centro político, en los términos de derecha-izquierda-centro, se trata de una anomalía salvaje que se abre paso disputándole al discurso rentista el poder.

Hasta ahora, esta nueva lengua es lengua extranjera para el poder, le es extraña e ininteligible por lo que se siente amenazado ante la otredad, es decir, en la medida en que se definen los campos hegemónicos, van surgiendo distancias semióticas y barreras de inteligibilidad, lo que hace muy difícil la traducción y comunicación entre los bloques independientemente del poder comunicacional mediático, que posea alguno de estos bloques.

Esta alternativa, es aquello que persiste tercamente en una identidad. Es posición del sujeto y subjetividad que sólo se reconoce en su propio poder e interpela desde su auto-construcción. Es devenir autónomo que se realiza en su auto-producción que se hace poder, territorializando una subjetividad política que desde su parcialidad se asegura rasgos de totalidad por su capacidad de interconexión con lo que es permanente, asegurando así la fisicalidad de su devenir histórico.

La semiosis social que se produce al interior de las tensiones en la constitución de cada bloque, hace que los mensajes de la centralidad cada vez sean menos permeables al bloque periférico emergente, haciendo que sus discursos sean flechas lanzadas al viento en una tormenta.

La incomprensión de esto hace de la mediática de la centralidad, una pesada maquinaria que, en el mejor de los casos, puede contener y retrasar el avance y consolidación de la centralidad marginal emergente, pues los mensajes son paquetes de de sentido ( Verón) que son reinterpretados por el campo de experiencia y la historia constitutiva de cada sujeto del bloque histórico, de manera que no hay una relación lineal y mecánica E-R como plantean los positivistas y el campo de la información-comunicación es también un campo minado por la lucha de clase.

Para entender mejor esta reflexión recordemos que mientras la burguesía más atacaba a Chávez, este crecía en los sectores populares.

Pero si el bloque emergente alternativo no logra que surja una nueva centralidad, o de ser aplastado por los polos de la centralidad hegemónica, el proyecto revolucionario naufragará devorado por la crisis estructural del modelo rentista, de manera que entender los bordes o el margen como un rebaño de ovejas descarriadas o como flanco débil del chavismo, nos lleva al modelo del pastor vanguardia y al ciudadano cliente que es rebaño.

El tema es ¿cómo cambiar de registro? ¿Cómo producir una máquina de captura que contenga otros dispositivos discursivos que inspire pasión política y recupere al chavismo desde otro relato?

Es decir ¿cómo emocionar de otra manera?

En este contexto, ¿cuáles son las tareas del ciclo corto acelerado? ¿Cómo llevar a cabo la guerra de movimientos de una identidad colectiva atractiva y emocionante en medio de una guerra de posiciones de dos bloques polarizados dentro de una centralidad?

Repito, ¿cómo contestar simultáneamente al oficialismo que secuestra al chavismo y a la izquierda, y simultáneamente a una derecha antidemocrática con rasgos abiertamente fascistoides y con profundos compromisos con el imperio norteamericano sin prestar nuestros servicios al factor más peligroso de la centralidad?

¿Cómo concretar en términos discursivos este nuevo relato que surge de las experiencias acumuladas por el pueblo, de sus formas organizativas de distintos modelos y experiencia socio productivas y principalmente de las luchas que llevan a cabo los conflictos en los que el pueblo participa y el descontento de las voces de la calle, que intuitivamente rechazan la actual forma de hacer política dentro de un modelo polarizado confrontacional, y aspirar a la renovación del chavismo desde otra dimensión constituyente?

Por su puesto que en medio de la confrontación distinguimos matices, no es lo mismo la derecha neoliberal apátrida y sus instrumentos de representación política (MUD) que el chavismo rentista y sus formas de representación política.

Recurrentemente tendremos que tomar partido y apoyar de manera crítica puestas en escena y políticas del bloque hegemónico gubernamental. Con este sector tendremos diferencias y coincidencias, y aunque exista resistencia tenemos que forzar el debate fecundo. Porque, como diría Marx, hay muchos funcionarios y líderes empotrados al aparato de Estado y actúan como parte de él, porque no comprenden que decir Estado es decir Capital. “Lo hacen pero no lo saben”.

Entendemos que en medio de la difícil situación por la que atraviesa el país, la dimensión crítica impugnadora del bloque social emergente que pugna por una nueva centralidad debe mimetizarse e incluso subordinarse eventualmente a las demandas pragmáticas de la dimensión fáctica de lo real, pero esto no debe significar renunciar a la aspiración histórica y estratégica de construir un espacio otro que reinvente la polaridad hegemónica.

En este juego de fuerzas se crea una tensión confrontacional que vigoriza el campo emergente, recordemos que, como diría Gramsci, todo campo político es un escenario de la lucha de clases, así pues el factor burocrático rentista tratará de domesticar, de fagocitar a las expresiones críticas y emergentes, liquidando la anomalía; y para esto utilizará toda la fuerza del poder en sus manos.

De modo que la lucha de las corrientes críticas y alternativas tendrá que ser mucho más heroica y titánica, pues se trata de una fuerza naciente y dispersa expuesta al fuego cruzado de los dos bloques hegemónicos de la centralidad política.

Pero el espacio alternativo que se abre paso está compuesto de multitud de expresividades, pues es forma de expresión de un modo, suerte de magma eruptivo en permanente ebullición que no puede ser localizado y aislado, pues no se trata de lo uno sino de la multiplicidad de multiplicidades del movimiento de la multitud insurgente.

Apelemos a Rorty, quien recomienda des-construir otros relatos recurriendo por ejemplo al cine o la literatura para hacernos de sus personajes conceptuales. La multitud es multiplicidad de instantes-acontecimientos; pongamos un ejemplo cinematográfico para los que vieron “La Matrix” película de los hermanos Wachowski ( 1999-2003) Al interior de la matrix surge una anomalía: los Smith en la Matrix. Hay una centralidad polarizada en permanente confrontación. Esa es la naturaleza de la matrix, por un lado el mundo de las máquinas y por el otro Sion o el mundo de los humanos, en el medio de esta centralidad hegemónica en donde se confrontan dos modelos hegemónicos nacidos de una misma lógica, surge una anomalía viral: los Smith. Engendro de la misma matrix pero que amenaza simultáneamente a Sion y al mundo de las máquinas, intentando poner un orden distinto (Ya lo ha logrado en otras versiones de los mundos máquinas de la matrix según revela el arquitecto a Neo).

Para “el arquitecto” en su conversación con Neo, se trata de detener a Smith y lograr un pacto de confrontación cohabitacional entre Sion -el mundo humano- y la matrix -el mundo máquina-. Lo que hace de Neo la bisagra entre los dos bloques hegemónicos de la misma centralidad.

Por eso aquello que nace será, como dijera Ghandi, primero despreciado, después ridiculizado y humillado para después ser confrontado y aplastado por ambos sectores en pugna.

Pero como la crisis es estructural y viene de las entrañas del modelo rentista del Estado Burgués, arrastra también a sus administradores y a todo aquel que lucha por su control, de modo que lo alternativo es como el cuero seco de Guzmán Blanco: se aplasta por un lado y se levanta por el otro, o como Kenny, el niño de la serie South Park, al que matan en un capítulo y renace en el siguiente.

Estamos sobre terreno minado. El reto es entonces cómo denunciar el campo de confrontación pautado por los bloques hegemónicos de la lógica rentista, por la rapiña y el reparto, sin convertirnos en un factor que contribuya al fortalecimiento del bloque más nocivo, que no es otro que el de la burguesía parasitaria que siempre ha vivido del Estado y de la renta, pero que denuncia al chavismo rentista en el poder, acusándolo falsamente de socialista.

El asunto es también cómo no caer en las provocaciones, chantajes y amenazas de ambos bandos y producir nuestros rasgos de identidad y nuestras líneas rojas (Barda lacaniana) que nos permitan conocer donde ceder, donde pactar, donde negociar con la polaridad chavista burocrática rentista en contra del polo hegemónico burgués y donde tranzarnos sin perder la esperanza de levantar una nueva centralidad y sin perdernos dentro de la lógica del campo de confrontación polarizada que intenta siempre colocarnos en un bando u otro.

Debemos pues recolocar las piezas de una propuesta unitaria de ese chavismo otro que materialice poco a poco su propio tablero para no seguir debatiéndonos entre el mal mayor y el mal menor. Por eso emerge como urgencia la necesidad de un espacio de verdadero debate democrático que hasta ahora ha venido siendo torpedeado. Debemos ir hacia otros actores e interlocutores que nos permitan avanzar más allá de la falsa disyuntiva que nos coloca al interior de la centralidad dominante.

Sabemos que aunque ambos bloques hegemónicos hablan en contra del rentismo, lo hacen desde una mala conciencia infeliz. Insistimos, ambos están atrapados en el mismo relato (Ver caso del arco Minero, sustitución del rentismo petrolero por el rentismo extractivista minero. Curiosamente en este punto pareciera no haber mayor discrepancia entre los dos bloques hegemónicos polarizados en la centralidad), por eso, o pensamos colectivamente un modelo de sociedad nuevo alternativo al rentismo, o más temprano que tarde la burguesía que ha vivido siempre de una relación vampírica con la renta petrolera y de una relación subordinada y lacayuna con el imperio norteamericano terminará por imponerse, y los factores del chavismo burocrático rentista sucumbirán, cargando con todo el peso del fracaso de este Estado, además de perderse los logros del ciclo largo marcado por la impronta de Chávez.

La guerra económica generada por el imperio, la burguesía y el Estado rentista es librada en su terreno, con sus reglas; y si no nos salimos de esa camisa de fuerza, esa guerra siempre la perderá el pueblo y la ganará la burguesía.

Así pues, no bastan las buenas intenciones. Un imaginario alternativo y unitario debe recolocar el debate y forzar a los sectores del chavismo burocrático estadal a discutir en profundidad la lógica de los relatos que han soportado hasta ahora los aciertos, errores y fracasos en la conducción del proceso, o de lo contrario la crisis del rentismo se seguirá expresando como crisis de los discurso y de la dirección política.

Poner al pueblo como protagonista de este debate, debatir de cara al pueblo con transparencia, sin falsos radicalismo y aplastamiento moral y sin miedo a quedarnos sin argumentos.

¿Dónde referenciar el debate?

En el Chávez popular constituyente de la reforma, en su proyecto de reforma constitucional, en los cinco motores constituyentes y en el golpe de timón, en el prólogo del plan de la patria, en las leyes del poder popular y en el objetivo número 5 del plan de la patria; allí están las herramientas para el debate, de lo contrario la crisis política – económico – moral que sacude las entrañas del país, en el mejor de los casos seguirá produciendo rechazo por la polarización, cansancio y desgaste de la gente común que hoy culpa a ambos bandos de esta debacle, y en este escenario el bloque burgués rentista llevará la ventaja.

Entonces ni entrega ni claudicación, apostemos por la revolución. Esta es la manera de colarnos e instalarnos en la fractura y la posibilidad de un replanteo del chavismo. Y así es que entendemos en este nuevo arco de tiempo que se abre la consigna de Chávez ¡¡¡COMUNA O NADA!!! Esperemos que esto responda a la pregunta que algunos nos hacen en relación a si estamos dentro del chavismo y si apoyamos o no al presidente Maduro. A ellos les decimos: el chavismo no es una cosa, no cosifiquemos al chavismo, el chavismo es un movimiento que se niega a ser cosificado, es un terreno de lucha donde se juega la lucha de clases; en donde corrientes, tendencias y fracciones pugnan por el control del sentido y de su producción, por lo que no existe un chavismo (el que debe ser identificado con el oficialismo), existen muchos chavismos que coinciden y discrepan, que se complementan y se solapan pero también que se confrontan, de manera que el apoyo al presidente Maduro pasa por este proceso antes descrito.

Hablamos desde una corriente clasista que se reclama de la calle y del chavismo popular crítico, que mantendrá siempre una relación tensa y solidaria con lo que sea revolucionario y se mantendrá siempre distante del bloque hegemónico burgués, pero también siempre confrontada con aquellas expresiones y prácticas políticas más rentistas, pues ellas matan o retrasan el ascenso del pueblo al poder y la posibilidad de una verdad revolucionaria consejista y comunera que dé todo el poder al pueblo, creando los gobiernos de fábrica y las comunidades al mando.

Como dijera nuestro maestro Rigoberto Lanz, no hay preguntas inocentes, toda pregunta es una construcción ideológica que se elabora desde un campo de fuerza, de modo que la pregunta debe ser invertida: ¿está el Presidente Maduro y el chavismo oficial dispuesto a respetar y dialogar con ese otro chavismo realengo y popular que se levanta y abre paso? ¿Está dispuesto a reconocerlo? ¿No será que desde el poder se seleccionará a los interlocutores, y como la canción infantil se seleccionará contigo si o contigo no, dejando de lado aquellos que parecemos más incomodos?

Guardamos la esperanza de un diálogo fecundo entre camaradas que se reconocen de distintas tendencias, no necesariamente antagónicas, que podrían generar un campo de acuerdo, de allí la propuesta de una mesa de diálogo popular donde se convoque a lo singular, a lo distinto y no a los similares o idénticos, como hasta ahora ha sido el formato del debate.

Esto significa un debate franco sin amenazas, sin chantajes y sin coerciones algunas de las cuales conocemos, porque ya las hemos experimentado. Por ejemplo, el ataque sistemático a la reputación de los chavistas críticos a fin de debilitar su reconocimiento y poner en duda su autenticidad a fin de liquidar de este modo sus argumentos.

Los problemas de la transición

El problema es que no podemos hablar de transición al socialismo si la lógica que orienta las políticas sigue siendo rentistas y si las políticas que se llevan a cabo no apuntan en la dirección de sustituir la forma – Estado en que se concreta el modo de producción capitalista aquí en Venezuela, si no subsanamos esta falla el fracaso del modelo rentista será cobrado injustamente por el socialismo.

Presidente, nosotros estamos dispuestos a ayudar en este sentido, desde nuestro humilde punto de vista y en la certeza de las múltiples presiones que usted debe sortear a diario. Creemos que hay un conjunto de rumbos que debe alinearse alrededor de una política común que ataje la posibilidad de zigzagueos y de medidas contradictorias que se anulan mutuamente.

No somos enemigos y por pequeños que seamos desde el punto de vista cuantitativo expresamos distintas corrientes del campo progresista y revolucionario.

¡Qué bueno sería que dialoguemos! Sobre la crisis del rentismo, sobre la guerra económica, sobre Venezuela y un manojo de salidas que apunten al fortalecimiento popular, estamos seguros que conseguiríamos coincidencias dentro de las diferencias. Y así como nos conseguimos aquella madrugada del 27 de Noviembre del año 92, en pleno pronunciamiento militar, frente al colegio Guillermo Delgado Palacios de la calle 12 de los Jardines del Valle, y en medio de la oscuridad nos reconocimos con una sonrisa y nos dimos un abrazo, complementándonos porque nos necesitábamos (recuerde yo tenía fusiles y usted las municiones) así mismo nos volveremos a encontrar…

Presidente Maduro, queremos acompañarlo a salir del laberinto con una agenda Bolivariana alternativa, tal cual lo hizo Chávez, quien se atrevió a ser audaz y pudo reencausar los destinos de este País. Recuerde que la superación del modelo rentista implica golpear al metabolismo del capital en su división internacional del trabajo.

Para nosotros, los chavistas realengos, callejeros, populares y críticos el destino es zamorano. Es el momento de la política, pero de otra política, comprometida hasta los tuétanos con los intereses del pueblo y nuestra invitación es a crearla. No va a ser fácil, tendremos que profundizar y abrir la brecha.

Sobre Ruben R Martinez

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