Maduro a quien mandó fue a Sucre Por: Antonio Manrique

jueves, 31 de octubre de 2019 11:31 am

¿Conque es este el pueblo de Rómulo y Numa, de los Gracos y los Horacios, de Augusto y de Nerón, de César y de Bruto, de Tiberio y de Trajano? Aquí todas las grandezas han tenido su tipo y todas las miserias su cuna. Octavio se disfraza con el manto de la piedad pública para ocultar la suspicacia de su carácter y sus arrebatos sanguinarios. Bruto clava el puñal en el corazón de su protector para reemplazar la tiranía de César por la suya propia; Antonio renuncia los derechos de su gloria para embarcarse en las galeras de una meretriz, sin proyectos de reforma; Sila degüella a sus compatriotas, y Tiberio, sombrío como la noche y depravado como el crimen, divide su tiempo entre la concupiscencia y la matanza. Por un Cincinato hubo cien Caracallas. Por un Trajano cien Calígulas y por un Vespasiano cien Claudios”.

Y por un Moreno (para no ofender la memoria del inconmensurable Vladimir Ilich Uliánov) cien Sucres, el Gran Mariscal de Ayacucho que fue el que les mandó el Padre Libertador Simón Bolívar a través del presidente Nicolás Maduro a los ecuatorianos, que hoy defienden y están resteados con Pichincha, como bien lo supo hacer ese noble cumanés aquel 24 de mayo de 1822.

Y luego, el mismo Padre Libertador tuvo la osadía de remitirles a Sucre a los peruanos y al tal Grupo de Lima para que refrendara su apellido con lo de Gran Mariscal de Ayacucho el 9 de diciembre de 1824.

Mas, pensando en los Duque, Santos y Uribe, ese Padre Libertador supo decir en la otrora Roma imperial que “Este pueblo ha dado para todo, menos para la causa de la humanidad: Mesalinas corrompidas, Agripinas sin entrañas, grandes historiadores, naturalistas insignes, guerreros ilustres, procónsules rapaces, sibaritas desenfrenados, aquilatadas virtudes y crímenes groseros, pero para la emancipación del espíritu, para la extirpación de las preocupaciones, para el enaltecimiento del hombre y para la perfectibilidad definitiva de su razón, bien poco, por no decir nada”.

Y por todo ello, ese gigante que fue el Libertador Simón Bolívar sentenció con aquellas palabras de “¡Juro delante de usted, juro por el Dios de mis padres, juro por ellos, juro por mi honor y juro por la patria, que no daré descanso a mi brazo ni reposo a mi alma, hasta que no haya roto las cadenas que nos oprimen por la voluntad del poder español”… He dicho…

Sobre gabriel ybarra

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