Cesar García “La insufrible displicencia retórica entre gobierno y oposición”.

domingo, 17 de julio de 2016 10:10 am

Según Jürgen Habermas, “…la acción comunicativa se refiere a la interacción de a lo menos dos sujetos capaces de lenguaje y de acción que entablan una relación interpersonal”. En tal sentido, vale la pena reflexionar, para que exista la viabilidad y acción comunicativa se requiere de la participación e interacción de al menos dos sujetos que por medio de ciertos códigos puedan afianzar su entendimiento; de allí, que por simple lógica podamos concluir que donde no hay comunicación de seguro resultará difícil algún tipo de entendimiento.

No obstante, puntualicemos algo, hablar no conlleva implícitamente a la comunicación y aquí en Venezuela el ejemplo es vívido entres los dos polos políticos que se atribuyen para sí la representación de la voluntad de la sociedad.

Desde la antigüedad la humanidad ha procurado siempre la manera de comunicarse y sus formas de comunicación han evolucionado pasando por el uso de señas o dibujos hasta la formación de lenguajes hablados y escritos.

Esta evolución se debe a la necesidad intrínseca que hay en el ser humano quien como ser social debe estar en constante comunicación, es por ello, que la política como instrumento y forma de gobierno y administración juega un papel fundamental para cualquier sociedad especialmente cuando tratamos la política desde un orden democrático, pluralista y participativo. El espíritu de nuestra Carta Magna encierra tales valores en su planteamiento teórico.

La comunicación como lazo fundamental es capaz de posibilitar el accionar enriquecedor de cualquier sociedad sea en el ámbito económico, político o social porque con ella se presupone que hay entendimiento. Pero, qué pasa cuando esa comunicación no fluye asertivamente, qué pasa cuando esa comunicación se ve truncada o imposibilitada, qué pasa cuando los responsables de entablar esa comunicación se ensimisman en sus propios criterios y razones; pues bien, pasa lo que actualmente experimenta la sociedad venezolana como reflejo en sus dos polos políticos: una insufrible displicencia retórica que anula toda posibilidad real de comunicación, y lo lamentable de esta actitud, es que la gran mayoría nacional sean o no partidarios del Gobierno u oposición son los que actualmente enfrentan y padecen la severa problemática reflejada en la escasez de alimentos, de medicinas, de largas colas cuyas secuelas en la salud y seguridad se hacen manifiesta con mayor cotidianidad donde un común sentido de unidad, los embarga: hambre, desesperación, impotencia, indignación.

Mientras tanto continúa la displicencia retórica entre ambos polos haciéndose evidente y notorio el mensaje (a través de los reiterados discursos) de que el responsable(s) y el culpable(s) es otro, en ningún caso alguno se muestra proclive a reconocer en su contrario esa otredad necesaria para la construcción y fortalecimiento del país y cuando lo hacen sencillamente obedecen a estrategias retoricas (conmover, deleitar o persuadir) para un determinado momento o circunstancia.

Bajo tal miramiento unipersonal y focalizado de la política nacional resultará en extremo difícil e imposible conciliar un verdadero, crítico y razonado dialogo político mucho menos si cada una de las partes busca su exclusivo atrincheramiento.

El diálogo como recomendación e instrumento de superación de la crisis política que vive el país pasa por una verdadera concertación comunicacional entre sus dos principales actores políticos (gobierno-oposición) quienes por ahora y hasta ahora, aglutinan entre sí, la mayor representación de voluntades; no obstante, la política es dinámica y de no desempeñar estos actores la responsabilidad que les compete resultará necesario que esas voluntades miren en función de otras alternativas, ya que por lo visto, con el desentendimiento actual en materia política solo hay un escenario posible: profundización de la crisis que vive el país.

La convivencia colectiva que le urge a la sociedad venezolana pasa innegablemente por la pronta y rápida solución a la crisis que con mayor inclemencia afectan su salud física y emocional pues hablar de escasez de alimentos o de medicinas (solo por mencionar un árbol en medio de un gran bosque), no es algo retórico ni mucho menos va inserto en alguna estrategia comunicacional.

La escasez es algo real es un martirio que vive y padece cada venezolano quien con el pasar de los días antes que fortalecerse en esperanza se desalienta por no percibir que se concreten verdaderas propuestas que den resultados favorables en un corto plazo. Y el peligro de tal animosidad, es a dónde, bajo un estado de shock nacional, nos puede conducir todo esto.

Hoy en Venezuela rigen paralelamente dos discursos mediáticos (oficial-opositor) asentados en una displicencia retórica que insistentemente son ensayados por los dirigentes políticos de cada bando; más sin embargo, la realidad por sí misma, aquella no fingida ni manipulada habla en las calles y aunque los estrategas comunicacionales busquen politizarla, ella, se hace elocuente en el gran colectivo nacional que la proyecta día tras día.

“El lenguaje es lo más intrascendente, superficial e inestable, y su encanto se desvanece por completo cuando se advierte la intención en su manejo”.

(Bertolt Brecht)

Sobre Ruben R Martinez

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