¡Y de quién es la culpa! Por César García

miércoles, 10 de agosto de 2016 01:29 pm

Ante la evidente crisis que atraviesa nuestra nación la máxima interrogante no descansa exclusivamente en preguntarnos, quién tiene la culpa como mirando una exclusiva individualidad sino más bien que en colectivo podamos ser capaces de reflexionar respecto a quiénes son los culpables o responsables del descalabro político, social y económico que actualmente experimenta Venezuela.

Si con un atisbo de consideración propia analizamos todo cuanto ocurre, si con disposición reflexiva nos retamos en nuestra propia individualidad a tratar de entender nuestras condiciones apegados a un marco lógico y por ende racional; de seguro, la primera respuesta que puede darse ante tal pregunta resultará más que obvia: ¿Quién tiene la culpa de todo esto o quiénes son los responsables? Pues quien más, en primer orden los gobernantes y subsecuentemente los diversos dirigentes políticos (de uno y otro lado).

En este caso a quien más le toca llevar en la repartición de responsabilidades y de culpas es al gobierno en turno (el otrora chavista o el ahora madurista) y eso es un hecho indiscutible (aunque traten de discutirlo o maquillarlo). Más allá de sí han tenido o no aciertos en decisiones y acciones en la aplicación de sus políticas de gobierno (del pasado), el hecho concreto (del ahora), es que las penosas circunstancias que afectan a la población venezolana vienen a ser el reflejo de múltiples, erradas y poco plausibles medidas gubernamentales que han sido ejecutadas las cuales hoy pasan factura al pueblo venezolano. Independientemente del tinte político de esa masa denominada “pueblo” sean estos progobierno o antigobierno.

Ahora bien, si mantenemos izada la interrogante sobre culpables y responsables otros que de seguro, no serán exculpados, son aquellos que se han acreditado (y quienes se han adjudicado) la representatividad de oposición al gobierno; y allí, entran los dirigentes políticos de la denominada Mesa de la Unidad Democrática y otros que aunque están fuera de ese círculo se mantienen alineado a este. Y dónde reposa su culpabilidad o responsabilidad para con el pueblo venezolano (afectos y desafectos), en que no han ofrecido con claridad una visión concreta sobre el gobierno que aspiran instaurar y lo que dejan ver entre líneas es su exclusiva apetencia por el poder político matizado por un incesante odio y deseo por desplazar al otro pero con qué finalidad ¿Por un simple revanchismo, por una simple venganza, por simple arrogancia personalista o partidista? Entonces, los momentos y circunstancias políticas que les han resultado propicios y que han debido aprovechar de manera estratégica han sido desperdiciados y luego así; quieren, insisten y presionan a sus propias bases a que les apoyen y respalden en todo cuanto intentan ejecutar pero estarán considerando o entendiendo lo que realmente aspiran sus bases. Obviamente, la misma inquietud es aplicable al gobierno en turno ¿Estarán atendiendo al clamor de sus bases, de aquellos que les llevaron al poder?

 

Quizás habrá que plantearse otra interrogante, como por ejemplo: ¿Será que las bases del gobierno y las bases de la oposición como en la otrora cuarta república y ahora en los más de tres lustros de gobierno de la quinta solamente siguen sirviendo a los propósitos de cúpulas políticas? De ser así, vale la pena pensar en dónde quedó el bello eslogan de que ahora tenemos una democracia participativa y protagónica o simplemente concluir que las bases que sirven de apoyo a un lado y a otro aparte de ser vulneradas, violentadas, engañadas y desplazadas solo tienen una cosa en común en medio de la pugna política que las separa y eso es ser sufrir por la escasez de alimentos, sufrir por la falta de medicinas, sufrir a razón de las largas e interminables colas, sufrir el abuso y el daño del hampa y la inseguridad, sufrir por la corrupción que se nos presenta en todas sus facetas, colores, sabores y vivencias, sufrir a causa de los (altos-medianos y bajos) bachaqueros y en tal caso una situación tristemente paradójica sigue resultando común: “el sufrimiento que unifica en un mismo consenso a las bases del gobierno y de la oposición”.

Apreciados lectores:

Son tiempos críticos y esto es una verdad indiscutible e irrebatible; es por ello, que ahora más que nunca nos vemos en la necesidad de transitar por la vía de profundas y oportunas reflexiones en los diversos ámbitos como el político, el económico, el social e incluso el espiritual. Y en el marco de tales reflexiones y dentro de ese esquema de búsqueda de culpables y/o responsables considerar un actor que no podemos obviar ni ignorar: nosotros como colectividad, nosotros como sociedad. Incluso, preguntarnos sin desmoralizarnos y sin ánimo de evasión: ¿Hasta dónde soy culpable o responsable por todo cuanto acontece en el país? Porque ciertamente hay culpabilidades y responsabilidades directas pero no podemos desestimar el hecho de que también las hay de formas indirectas.

 

Cuál seguirá siendo el tono discursivo para evadir nuestras responsabilidades, a quién le seguiremos achacando la culpa por el descalabro que hoy afecta a la nación venezolana: ¿Al imperialismo? ¿A la guerra económica? ¿A los bachaqueros? ¿Al capitalismo? ¿Al socialismo? ¿A los empresarios? ¿A los banqueros? ¿A los extranjeros? ¿Al poder mediático mundial? ¿Al ciclo de un proceso histórico que no terminamos de cerrar y por ende seguimos girando sobre el pensamiento de que somos víctimas? Víctimas de la historia, víctimas de haber sido colonizados por un imperio bárbaro como el español, víctimas de ser un país subdesarrollado, víctimas de ser una nación que sufrió un doloroso proceso independentista, víctimas de una lucha de clases, victimas del caudillismo, víctimas de dictaduras, víctimas de adecos, víctimas de copeyanos, víctimas del chavismo, víctimas del madurismo, víctimas en la cuarta, víctimas en la quinta, etc. Y aunque este conjunto de factores (en su justa medida y dimensión) tienen y ejercen una cierta y determinada influencia sobre la condición que afecta al país, la interrogante final es: ¿Y de quién(es) es la culpa y de quién(es) la responsabilidad?

 

Una característica muy peculiar que se evidencia en la población venezolana es que somos en extremo eficientes al momento de echar sobre otros la culpa o con gran eficacia actuamos al momento de buscar en otros los responsables. Siempre nos gusta responsabilizar a otros y eso es una forma y una manera de evadir nuestras propias responsabilidades, de evitar ser señalados como los culpables de algo, de no llevar a cuesta el peso de un verdadero compromiso. En tal sentido, es útil y necesario hacer un alto y que juntos recordemos lo que en otrora declarara, el Libertador, Simón Bolívar: “Para el logro del triunfo siempre ha sido indispensable pasar por la senda de los sacrificios”.

Estamos ante una crisis y sabemos que hay culpa y responsabilidad de todo cuanto acontece en diferentes planos de la sociedad; no obstante, el plano político lleva sobre sus hombros la mayor carga y quizás por ello, exista ahora un sentimiento exacerbado de antipolítica. Sin embargo, no podemos ignorar la cuota de responsabilidad que recae en la sociedad, aquella sociedad política que es la responsable de elegir a sus gobernantes.

Aunque la tristeza, la depresión, la decepción y la desesperanza es un sentimiento que campea por doquier es tiempo de no retroceder y ante los embates que atravesamos debemos erguirnos con voluntad y seguir luchando por esta bella nación llamada Venezuela. Porque Venezuela vale la pena: hoy, mañana y siempre. No estoy cuestionando la condición o inclinación política de nadie pues cada quien es libre de profesar y defender aquello en lo que cree más apropiado; sin embargo, el triunfo que horita demandamos con solicitud trasciende los meros deseos y anhelos personalistas que gravitan en los dos principales bloques políticos del país cuyo fin es el poder (uno por mantenerlo el otro por alcanzarlo) pues el aprieto nacional en que nos hallamos demanda soluciones conjuntas que van más allá del conflicto ideológico.

Allí en el día a día y en la calle está presente una realidad (penosa por demás), la cual no podrá ser superada sin antes aceptar y reconocer aquellas culpas y responsabilidades que competen a cada ámbito y a cada actor(es) en particular. Porque si los culpables o responsables siguen siendo otros según la óptica individualista y partidista; entonces, nunca podremos avanzar en la vía correcta para salir del atolladero en el cual hemos dejado caer a Venezuela porque al final nos guste o no, aceptémoslo o no algo de culpa y de responsabilidad pesa sobre cada uno de nuestros hombros.

«No acepten sin discusión las costumbres heredadas. Ante los hechos cotidianos, por favor, no digan: ‘Es natural’. En una época de confusión organizada, de desorden decretado, de arbitrariedad planificada y de humanidad deshumanizada… Nunca digan: ‘Es natural’, para que todo pueda ser cambiado». (Bertolt Brecht)

 

Sobre Ruben R Martinez

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